Octubre
de 1978: Argentina estaba a punto de entrar en guerra con Chile por las
islas del canal Beagle. Se realizaban ejercicios de “oscurecimientos” simultáneos en todas las ciudades del valle. Y a Roca/Fiske los
trenes llegaban repletos de soldados que serían destinados a la frontera
cuando fuera necesario. Mientras, se alojaban en algunas carpas
inmensas en el edificio abandonado del aeroclub, a dos cuadras de mi
casa.
Ese día de la madre, mi papá ayudado por
un par de amigos, organizó una cena de pizzas, empanadas y tortas para
todos los soldaditos que estaban lejos de su familia. Alguien le
aconsejó que no se metiera, que estaban los milicos de por medio y mi
papá le contestó que justamente por eso, esos chicos merecían tener un
domingo especial para sobrellevar la distancia de sus casas. Habló con
los militares encargados y los autorizaron a ir, siempre y cuando no
hubiera alcohol. En un camión de verduras y en varios viajes, ese
domingo a la noche, más o menos 130 soldaditos fueron trasladados hasta
el depósito de verduras donde se hizo la gran cena que terminó de
madrugada.
Para navidad a esos chicos los habían trasladado hacia Zapala y Las Lajas, pero habían llegado otros. De nuevo fue mi papá a hablar con los jefes para una nueva cena pero esta vez no les autorizaron la salida, después nos enteramos que para esa fecha las cosas con Chile estaban muy mal y el riesgo de guerra parecía inminente.
Hace poquito, alguien que ayudó a mi papá en los preparativos rescató de mi memoria esta historia y me contó algunos detalles que yo desconocía. Y ahora yo la cuento para que nietos y nietas de Hugo D´Alessandro conozcan más a su abuelo porque mi papá era generoso porque sí... cuando podía y cuando no podía también.
Para navidad a esos chicos los habían trasladado hacia Zapala y Las Lajas, pero habían llegado otros. De nuevo fue mi papá a hablar con los jefes para una nueva cena pero esta vez no les autorizaron la salida, después nos enteramos que para esa fecha las cosas con Chile estaban muy mal y el riesgo de guerra parecía inminente.
Hace poquito, alguien que ayudó a mi papá en los preparativos rescató de mi memoria esta historia y me contó algunos detalles que yo desconocía. Y ahora yo la cuento para que nietos y nietas de Hugo D´Alessandro conozcan más a su abuelo porque mi papá era generoso porque sí... cuando podía y cuando no podía también.

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