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Ay ay ay… La escuela de mi hijo, el gas y la bomba.




Introducción:
Desde ayer Camuzzi me tiene clavada en mi casa para aprobar la conexión. Si vienen y no estoy, me cortan el gas y quién sabe cuándo se dignan a volver. Conozco casos que han estado un par de meses sin el servicio porque es como un castigo por no recibirlos en alguna de esas 72 horas, que la empresa dijo que esperes el control.
Desarrollo:
En estos momentos mi hijo desde la escuela me manda un mensaje: Vení a buscarme, hay amenaza de bomba. Me río, creo que es una joda de él: es su tipo de humor...si. Nos habíamos quedado dormides y se había hecho la vaga idea de que zafaría del día de clases. Pero lo llamo y es cierto. Yo no puedo ir; el director, claro, no me puede atender el teléfono; sin alguien responsable no dejan retirarse a les estudiantes.
Ahora estoy en un dilema: ¿voy por mi hijo o espero a los del gas? Desestimo CASI por completo la posibilidad real de una bomba. Y paso a analizar rápidamente por qué alguien podría querer poner una en Casaverde:
1) Lo obvio: Una joda o estudiantes que quieren zafar de….¿una clase complicada???.. porque evaluaciones formales en esta escuela no hay...eh...mhh
2) Y acá se me frunce un poco porque es ese “casi” que no me permitió ser categórica: En estos tiempos violentos se han hecho habituales los ataques a quienes tienen una posición crítica al pensamiento hegemónico. Y ahí es donde se origina mi preocupación porque en esta escuela se reflexiona y se cuestiona. Casaverde, como su nombre puede dejar entrever, es una escuela... “progre”, ponele. Desde el nivel inicial todos, pero todos los temas de relevancia social que les estudiantes quieran, se llevan y tratan en la asamblea. Así es como alumnado y profesorado se han posicionado en temas como el gatillo fácil, la desaparición forzada de personas, aborto, lenguaje inclusivo, sexualidades, feminismo, machismo y todo tipo de discriminación, etc. El ejercicio constante del diálogo grupal, con argumentos le permite a cada une fortalecer, enriquecer o construir nuevas ideas. O sea: puede que a alguien de corazonzito zenzible le molesten no sólo los temas que se tratan, sino que se tenga un pensamiento independiente. Incluso, desde la revolución bolchevique, el poder considera a las asambleas como subversivas y peligrosas. Mientras la radio me cuenta que entraron a una escuela para interrumpir clases de ESI, como la semana pasada que entraron a un hospital para impedir un aborto legal... Me parece que esta gente no te avisa, se manda...
Desenlace:
Decidir entre el gas o mi hijo. Vuelvo a llamarlo para ver cómo se están sucediendo los hechos. Están enfrente, no los dejan ir y me pregunta si lo dejo escapar. Entiendo la paradoja de la institución: si lo dejan ir y le pasa algo es responsabilidad de la escuela; si lo hacen quedar y explota la bomba también va a ser responsabilidad de la escuela. No creo que ocurra ninguna de las dos posibilidades, así que le digo que lo evalúe, que acaba de cumplir 18 años y sé que puede decidir qué debe hacer. Cuando venga Camuzzi iré a hablar con el director.

(Mientras escribo esta crónica, bomberos y policías recorrieron el establecimiento y permitieron que ingresen de nuevo a clases. Hoy tenía taller de cocina y va a venir almorzado.)

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